Estos días estoy retomando contactos en LinkedIn y revisando cómo cuento mi trayectoria. Para preparar algunos mensajes me apoyo en la IA. Le explico a quién escribo, qué quiero contar y qué relación tengo con esa persona.
Después empieza la parte que más me interesa: leer la propuesta y decidir si me reconozco en ella.
En uno de esos mensajes fui pidiendo cambios muy concretos. Quería empezar reconociendo la trayectoria de la otra persona. Quitar una referencia sobre mi trabajo. Dejar para el final una conexión con un viaje reciente. El contenido estaba ahí, pero el orden y lo que elegía contar cambiaban el tono de la conversación.
Al corregirlo, tuve que precisar qué quería decir y cuánto quería explicar de mí. La IA me daba una propuesta sobre la que pensar. Yo seguía decidiendo cómo acercarme a esa persona.
En una presentación ocurre algo parecido. Un título muy rotundo puede dar a una idea más seguridad de la que pretendíamos transmitir. Una frase solemne puede alejarnos de una explicación que habríamos hecho con palabras sencillas. El tono también cambia lo que estamos afirmando.

Me parece una buena pregunta para la próxima revisión: ¿podría decir esto en voz alta y mantener lo que dice? ¿Reconozco mi intención? ¿Hay algo que prefiero quitar, aunque esté bien escrito?
Estoy descubriendo que mi voz aparece también en esas decisiones pequeñas. En una palabra que cambio, en una explicación que acorto o en un detalle que solo tiene sentido para quien va a recibir el mensaje.
Sigo aprendiendo a escribir con ayuda de la IA. Y una parte de ese aprendizaje consiste en reconocer cuándo el texto ya expresa lo que quería decir.
P.D: También estoy reuniendo fuentes en NotebookLM. En otra entrada me gustaría contar qué estoy probando con esos cuadernos y qué necesito comprobar antes de dar sus resultados por buenos.
